Fuente: Nota Revista Noticias (21/02/2009). Escribe Horacio De Dios

Como periodista de viajes, gran parte del año viajo por Europa o Estados Unidos, donde preparo guías turísticas y continuamente busco los estímulos que ofrecen las grandes ciudades. Por eso, cuando llega el verano, me gusta cambiar la excitación de París o Buenos Aires, ciudad donde vivo, por la quietud de las sierras cordobesas. Para mí, es válido el viejo slogan que dice “Siempre es temporada en Córdoba”. Allí, mi lugar es Traslasierra, porque está muy cerca de San Luis, una provincia que también me gusta mucho, y porque hay un bajo perfil que no tiene nada que ver con esconderse.

Se trata simplemente de levantarse temprano, andar en short, seguir la trayectoria del jardín, ocuparse de los almendros que no dan fruto porque los mata la helada, y estar en contacto con los lugareños. En tralasierra no se habla de política, sino de lo que le pasa al vecino, del vitral que algunos están construyendo para la iglesia local, de dónde se comen las mejores pizzas – en “El aguaribay” -, de la conexión wi-fi que instalaron en el centro comercial de San javier o de mi perfume predilecto, la esencia de cedrón que produce el “Pocho”, un folclorista de la zona. A la tarde se duerme la sista y a las cinco me preparo para la noche, que en este valle es larga y fresca.

Mi hobby es ver el atardecer: sobre el Oeste, el sol se pierde sobre el otro valle, el de las sierras puntanas. Mientras, que, por el este, el sol se refleja en las cumbres, que se ponen azules y moradas. No conozco cielo más lindo que el de Traslasierra y, cuando cae el sol, suelo poner una frazada en el pasto y tirarme a mirar las estrellas.

ESCRITOR Y PERIODISTA DE VIAJES, AUTOR DE “CRÓNICAS DE UN VIAJERO”.

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